Por Pedro Vincent Bowen
Etimológicamente, el cholo está definido como el hombre “descendiente del mestizo español”.

Para mí, respetando criterios ajenos, el cholo, como lo conceptuamos tradicionalmente en nuestro medio costero, es una raza especial, un híbrido único, sin similares en el mundo variante de las civilizaciones.

Sus características morfológicas, costumbres y habilidades son inconfundibles. Su forma de ser, de sentir y de pensar, marca la diferencia con otras especies humanas, aún dentro del un mismo país.

Su símil más aproximado, podría ser en la Sierra, el “chagra”, como producto del cruce entre mestizos e indios.

Pero, con marcados contrastes entre los chagras y los cholos. La manera de hablar y de vestir. Los gustos alimentarios. La hospitalidad y la amistad tienen connotaciones diferentes. La música, artesanías y vivienda, conservan mucha distancia.

La rebeldía del indio serrano y su lengua aborigen se perdieron con la conquista incaica y acabó de aplastarla el conquistador español. Al indio de la Costa jamás lo doblegó el incario, ni aprendió el quechua ni se sometió el invasor castizo.

Estas características fueron transmitidas genéticamente a chagras y cholos.

Hasta el tono de la voz es distinto, porque mientras el chagra habla bajito, casi entre dientes, el cholo lo hace a todo pulmón. Posiblemente en este aspecto, influya mucho la geografía que rodea al uno y al otro.

Del cholo se ha dicho que es el mestizo que representa al “nuevo hombre” que se levantó en América. Es la “nueva raza americana” en la que confluyen sangre y pensamiento de todas las razas. De ahí que también se le atribuya el atributo de “cosmopolita”.

Y es que por encontrarse ubicado a orillas del mar, sus ancestrales dominios, ha estado (y está) expuesto y abierto a absorber las influencias del resto del mundo, aunque sin perder las características básicas de sus orígenes étnicos.

Reputados historiógrafos, coinciden con el criterio de José Vicente Becerra, conocido experto en cuestiones de tradición, folklore y turistología, “...como pueblo costero (el cholo), las características de nuestro costumbrismo son auténticas, porque así lo es el manteño, sus ancestros los “valdivianos”, están considerados como uno de los pueblos más antiguos y originales de América.

El cholo (el cholo pescador, en particular), a decir de Manuel Espinoza Apolo en su libro “Los mestizos ecuatorianos”, constituye una identidad regional, cultural y étnica muy fuerte y arraigada que lo distingue de cualquier otro habitante de las restantes provincias del Ecuador.

Por su parte, Wilfrido Loor, sentencia: “el peyorativo de “cholo”, con el que se pretendía denigrar al habitante de esta región, fue paulatinamente transformándose, de debilidad, en fortaleza, y es hoy una identidad plena”.

Y me atrevo a asegurar que estará aquí para siempre: como el “¡Señor del Mar¡”, bautizado así, con acierto, por Rafael Murillo Cano.



Extraído de la página de Pesca Blanca

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