Mi padre era una persona de escasos recursos y por aquellos tiempos se escuchaba que el diablo buscaba a quienes necesitaban dinero para hacer un pacto con ellos. En esa època yo tenìa apenas 10 años y como la pobreza nuestra era extrema, mi padre decidiò hacer ese pacto.


Nos hizo asomar a la ventana, y empezò a llamar a gritos al diablo para pedirle dinero. El diablo se apareciò, era un hombre alto, blanco y guapo, con un rabo largo, quièn le dijo que tenìa que entregar a sus hijas a cambio de la ayuda que èl le darìa. Mi padre, se negaba a entregarnos, nosotras estàbamos muy asustadas y lloràbamos. Ante la negativa, el diablo se fuè a buscar a otra persona del pueblo para hacer el pacto. 


Cuentan los vecinos, que enontrò a un pescador dispuesto a realizar el pacto y que a raìz de esto, el hombre se volviò muy rico, a cambio de entregar su alma y otras almas màs. 


Un buen dìa, el pescador decidiò no seguir con el pacto por temor al diablo y èste, enfurecido provocò su muerte, hacièndolo caer de una hamaca. Se dice que el dìa que fue enterrado, por la noche, los vecinos escucharon gritos desgarradores en el cementerio. Al otro dìa, los moradores por curiosidad sacaron el fèretro, y al abrirlo, sòlo encontraron piedras. El diablo se lo habìa llevado.


Lo mismo le pasò a todo aquel que hizo este pacto con el diablo ya que mucha gente lo habìa visto merodeando a caballo por Posorja.


Marìa Filomena Carvache
Posorja. Agosto 1908


Fuente: Mitos y Leyendas de la Penìnsula de Santa Elena.
Marìa Teresa Alvarez, Sol Damerval  (1,999)

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