La escorrentía lleva los desechos mineros a los ríos (Llallagua, Bolivia)
Por Kashyapa A. S. Yapa
 No hay vida sin agua. Hemos de poder sobrevivir un tiempo largo sin comida, pero sin agua, no podemos. Este líquido vital constituye más de la mitad del cuerpo humano. Podemos decir, entonces, que la yaku mama (madre agua) nos cría. 
En este clima cambiante, debemos prepararnos para carencias de agua en muchas regiones del mundo, porque el calentamiento gradual del aire obliga a todos los seres vivos (humanos, animales y plantas) que consuma más agua. También habrá mayor evaporación desde la tierra y el agua. Por el otro lado, la deforestación acelerada en las últimas décadas ha desnudado y compactado el suelo, reduciendo la infiltración de la escorrentía, y por ende, la recarga de los acuíferos. La grave contaminación del agua, por las actividades industriales, mineras, agrícolas y urbanas, empeora la situación y nos queda, cada vez, menos agua para el consumo.

Infiltración es nula en zonas densamente urbanizadas (La Paz, Bolivia)
Nuestros antepasados respetaban y veneraban la naturaleza, más que nosotros hoy, porque dependían directamente de ella para el suministro de agua. Ellos integraban la crianza de agua a su convivencia comunitaria, sin esperar apoyos externos. Ejecutaban estas actividades empleando los materiales locales, y fuerzas físicas y mentales propias, individuales y colectivas. Así mismo, hoy, nosotros debemos enfrentar esta crisis climática solos, porque todo el mundo estará afectado y no aparecerá ningún rescatista.
Por eso proponemos las prácticas ancestrales de captación de agua como la mejor herramienta para adaptarnos a las carencias de agua que se avecinan. No podemos decir que cada tecnología ancestral funcionó dondequiera y cuandoquiera: sin embargo, hemos heredado las prácticas más adecuadas para cada región. Estas incluyen técnicas para: pronosticar el clima; procurar agua en sequías; cosechar agua de lluvia; captar agua subterránea; consumir con cuidado el agua captada; y convivir con agua en exceso.

El halo solar indicaría noches heladas alrededor del volcán Cotopaxi, Ecuador (Cortesía de: Marco Martinez)



Captación de agua en zonas áridas

Los antiguos pobladores andinos de la árida costa Pacífica lograron captar el vapor de agua que trae su densa niebla, mediante cortinas de árboles en las lomas costeras, y algunos de estos sistemas aún funcionan hoy. Donde ya no hay, primero debemos restablecer vegetación, tal vez captando agua mediante mallas artificiales, levantadas contra el viento. También podemos captar agua pura, de una poza contaminada, condensando su vapor en un ambiente cerrado. Usando la energía solar para su evaporación, como en las salineras antiguas, se puede sobrevivir una emergencia con esa poca agua que capta. Antes, la gente manipulaba las nubes para convertir el granizo a lluvia: en Europa se disparaban cañones; en el altiplano andino, hasta ahora, se emplean cadenas de fogatas de humo negro. Ahora, los adinerados tratan forzar a la lluvia colocando químicos sobre las nubes por medio de cohetes o aviones. Su efectividad dudosa, el alto costo y las graves consecuencias socio-ambientales (Morrison 2009) han frenado el avance de esta práctica.

Captar el agua de lluvia y de escorrentía

Captar y almacenar el agua de lluvia no requiere tecnologías sofisticadas, sino una buena planificación. Las ciudades antiguas recogían agua lluvia en casas individuales (Evanari et al. 1982) y en plazas públicas (Matheny 1982) porque evitaban la dependencia en suministros externos de agua, que eran costosos y propensos a ataques enemigos. Los citadinos modernos también pueden usar agua lluvia para reducir el consumo del suministro municipal, por lo menos para lavar y regar los jardines. Algunas ciudades, como Portland-EEUU., ofrecen incentivos a sus clientes por reducir la escorrentía que ingresa a su alcantarillado desde cada predio, porque eso rebaja el costo de tratamiento de aguas negras.

Antiguos reservorios pequeños en escalinata, construidos sobre los riachuelos de Mau Ara, Río Walawe, Sri Lanka
La escorrentía del campo se puede interceptar con canales y almacenar en reservorios. Sin embargo, infiltrarla en el mismo campo de cultivo resulta mejor porque evita la erosión también. Los agricultores Hopi y Zuni de los EEUU lo hacen simplemente con hileras de piedras o ramas colocadas en curvas de nivel. En pendientes fuertes, estas trampas podemos reforzar con terrazas, zanjas o pequeños diques.
Captar la escorrentía de un río y almacenarla detrás de un dique alto sí necesita conocimientos tecnológicos avanzados porque la descarga de esa agua, bajo algunos metros de presión, puede socavar el mismo dique, si no tiene un buen control. Los ingenieros de Sri Lanka, desde hace 2000 años, usaron un pozo robusto (Bisokotuwa)

Un pozo de limpieza en puquio Cantalloc en Nazca, Perú
construido de bloques de piedras (como se observa en el de Bhu Wewa-Polonnaruwa arriba; Izq: vista frontal, Der: plano) para desfogar agua de estos reservorios, y tal vez ocupaban una compuerta de tipo corcho para controlar su caudal.
Sin embargo, en áreas rurales, ellos usaron un mecanismo que los agricultores lograban manejar fácilmente: construyeron muchos pequeños reservorios en escalinata sobre cada quebrada, en vez de instalar uno grande sobre el río principal.

Aguas subterráneas

Los agricultores antiguos de la península de Santa Elena-Ecuador también atraparon la escorrentía en miles de pequeños reservorios (albarradas) en las cabeceras de microcuencas. Sin embargo, su idea no era almacenar superficialmente esa agua en esta zona semiárida; casi todas las albarradas fueron ubicadas sobre una formación de roca porosa, con el fin de recargar los manantiales aguas abajo, para sobrevivir las sequías prolongadas (Marcos 2004).
Donde los manantiales no descargan caudales suficientes, nuestros antepasados agujerearon las montañas bien adentro para captar más agua de los acuíferos, y la traían a la luz bajo gravedad. Estas galerías de filtración se conocen como qanat en el Medio Oriente o puquios en Nazca-Perú. Las famosas ‘Líneas de Nazca’, según una hipótesis, siguen las numerosas fallas geológicas de la zona y así señalan posibles fuentes de agua subterránea en este desierto extremo (Proulx 2008?).

Huachaque Grande, un campo hundido en Chanchan, Trujillo, Perú
Los ingenieros incaicos de Cuzco-Perú captaron el agua subterránea y la almacenaron allí mismo, mediante muros tipo terrazas de banco, construidos entre dos filos de rocas impermeables que delinean una quebrada intermitente. Así entregaban aguas limpias, con caudales firmes y suficientes, para el consumo humano o para regadío (Fairley 2003). Hoy, una técnica similar se emplea en el semiárido noreste de Brasil, construyendo muros tipo cortinas sumergidas en el lecho de quebradas intermitentes (UNEP 1997). Si incorporamos una galería de filtración aguas arriba de un muro de estos, será fácil extraer esa agua y realizar el mantenimiento.
En vez de traer el agua subterránea a la superficie de riego, como lo hacen normalmente, ¡algunos agricultores antiguos decidieron bajar el piso de cultivo! Algunos de estos campos hundidos en la costa peruana fueron cultivados continuamente (Schjellerup 2009) por lo menos desde el reino Chimú (1300 d.C.), cuando estos llegaron a su apogeo, por el riego a propósito de los campos aguas arriba.

Cómo aprovechar mejor el agua captada

Primero, debemos reducir el consumo y eliminar fugas en el sistema de suministro. Para reducir el consumo humano, sin sacrificar las comodidades modernas, podemos usar inodoros de poco volumen, urinarios para hombres o letrinas secas. En el campo, se puede optar por cultivos que consuman poca agua, sin perder la rentabilidad, como demostraron los agricultores de sureste de Turquía, quienes cambiaron el algodón por azafrán (Drynet 2008?). Las fugas de agua en la conducción y en el almacenamiento se pueden reducir usando tubería y/o revestimientos. Pero para eliminar el desperdicio de agua en la distribución, especialmente en el regadío, se requiere un análisis detallado de: tipo de semilla, calendario agrícola, suelo, clima y modo de regadío. También se puede reducir la necesidad de riegos frecuentes minimizando la pérdida de humedad del suelo, mediante el uso de cortinas rompeviento, cubiertas del suelo, abono orgánico, etc.
Segundo, no contaminemos innecesariamente el agua para poder reciclarla. Con el reciclaje de aguas grises en una casa urbana, ganaría el dueño y también el municipio. En zonas urbano-marginales y rurales, será más económico a largo plazo, si logramos reciclar el componente líquido del tanque séptico también. En las fincas, se puede producir biogás con la descarga de los establos (Pedraza et al. 2002), que acelera el proceso de compostaje de los sólidos y también permite reciclar el líquido.

Canales que unen los bajos con el río, depresión Momposina , Colombia (Plazas et al. 1993)

Este artículo es un aperitivo sobre este tema. Con el apoyo de PNUD/ SNGR – Ecuador, hemos preparado para la divulgación gratuita el documento completo como UNA GUIA DE CAMPO y un documento complementario MEMORIAS DEL TALLER DEL INTERCAMBIO ENTRE CAMPESINOS. Gracias al apoyo de un querido amigo Colombiano, Germán Bustos, ustedes pueden descargar estos libros desde su sitio web: http://germanbustos.com/Libros-Crianza-del-Agua.)

Bibliografía:
  1. Cachiguango, Luis Enrique “Katsa” y Julián Pontón (2010) “Yaku-Mama: La crianza del agua– la música ritual del Hatun Puncha Inti Raymi en Kotama, Otavalo” Ministerio de Cultura, Ecuador, junio.
  2. CHUYMA ARU (2007) “Señas y secretos de crianza de la vida” Asociación Chuyma de Apoyo Rural, Puno, Perú.
  3. Drynet (2008?) “Flores de azafrán y jardines sumergidos”, http://www.dry-net.org/uploaded_files/109.pdf
  4. Evanari, Michael, Leslie Shanan y Naphtali Tadmor (1982) “The Negev: the challenge of a desert” 2nd ed., Harvard U Press, Cambridge.
  5. Fairley Jr., Jerry P. (2003) “Geologic water storage in pre-Columbian Peru”, Latin American Antiquity 14(2): 193-206.
  6. Marcos, Jorge G. (2004) “Las Albarradas en la Costa del Ecuador: Rescate del conocimiento ancestral del manejo de la biodiversidad”, Coordinador, CEAA/ESPOL, Guayaquil, Ecuador.
  7. Matheny, Raymond T (1982) “Ancient lowland and highland maya water and soil conservation strategies”, en ‘Maya Subsistence’, Ed. Kent V Flannery, Academic Press, NY, pp 157-178.
  8. Morrison, Anthony E. et al (2009) “On the analysis of a cloud seeding dataset over Tasmania”, Journal of Applied Meteorology and Climatology, 48: 1267–1280.
  9. Pedraza, Gloria, Julian Chará, Natalia Conde, Sandra Giraldo y Lina Paola Giraldo (2002) “Evaluación de los biodigestores en geomembrana (PVC) y plástico de invernadero en clima medio para el tratamiento de aguas residuales de origen porcino” Livestock Research for Rural Development: vol 14, #1, Feb.http://www.lrrd.org/lrrd14/1/Pedr141.htm
  10. Plazas, Clemencia, Ana María Falchetti, Juanita Sáenz Samper y Sonia Archila (1993) “La sociedad hidráulica Zenu” Museo del Oro, Banco de la República, Santa Fe de Bogotá, Colombia.
  11. Proulx, Donald A. (2008?) “Nasca Puquios and Aqueducts” http://www-unix.oit.umass.edu/~proulx
  12. Rivera J. H. y Sinisterra J. A. (2006) “Uso Social de la Bioingeniería para el Control de la Erosión Severa”, CIPAV, Cali, Colombia. www.cipav.org.co
  13. Schjellerup, Inge R. (2009) “Sunken fields in the desert of Peru” The Egyptian journal of environmental change, vol 1:1, pp 25-33, Oct.http://www.envegypt.com/EJEC/uploads/30.pdf
  14. Uragoda, C. G. (2000) “Traditions of Sri Lanka”, Vishva Lekha, Ratmalana, Sri Lanka.

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