Aunque pudiera sonar gracioso, lo cierto es que el poblado cordobés de Bouwerm, (Argentina), decidió “celebrar” la basura y a través del 1º Festival Provincial de la Contaminación tener una herramienta de resistencia, en un municipio donde sus pobladores perciben que son la “zona de sacrificio ambiental” de Córdoba y que recientemente fue declarada en "emergencia sanitaria".

Este festival se realizará el próximo mes de febrero en esta localidad de 2.000 habitantes que ha acumulado en ocho sitios sin membrana y otro de enterramiento de altura, 12 millones de toneladas de residuos de la capital provincial y municipios aledaños.

El basurero, hoy cerrado desde el 2010 gracias a años de lucha vecinal, aún no ha sido “remediado” para reducir los impactos ambientales y sanitarios, como es el pedido de los vecinos y la alcaldía de Bouwer.

Según el asesor ambiental del municipio, Adolfo González  “además de afectar la calidad de vida, el vertedero continúa contaminando el agua, el suelo, por escorrentía superficial, y la atmósfera, por los gases emitidos”.

El historial del vertedero incluye un incinerador de residuos patógenos (ya clausurado), una fundición de plomo cuya chimenea abierta intoxicó entre 1984 y 2005 a decenas de habitantes, un cargamento de 12 toneladas de DDT y otros plaguicidas peligrosos que llegó pero debió ser retirado por las protestas de los vecinos, una fosa con desechos industriales tóxicos.

Estos problemas se suman al constante rociado de agrotóxicos utilizados en las plantaciones cercanas de soya transgénica.

“Es un cóctel de contaminantes. No podemos aceptar nuevas fuentes”, añade González.

Mientras tanto, el Municipio de Córdoba y el gobierno provincial instalarán un nuevo vertedero, a 600 metros del primero, que recibiría unas 2.500 toneladas diarias de residuos de esa ciudad y municipios periféricos.

“Suena a burla. Sacar un basural y traerlo al mismo lugar”, La ironía es mayor cuando en una escuela cercana, donde se muestran videos de concientización a los más pequeños, no existe servicio de recolección.

“Comenzamos a ver malformaciones en animales: perros con labio leporino, chanchos que nacían pelados, con la panza y los testículos llenos de agua, gatos sin dedos, pollos sin patas”, describe otro de los vecinos.

 La Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam) alerta que vivir cerca de un relleno sanitario “es peligroso, porque sus gases pueden provocar cáncer de vejiga, estómago, hígado, próstata, pulmón, cuello cervical y útero, leucemia, alteraciones en el desarrollo embrionario y fetal, menor peso de los bebés al nacer e incluso malformaciones”.

El problema de Bouwer crece pues  también está por aprobarse la instalación de un “landfarming”, sitio para el tratamiento biológico de residuos de la industria petrolera, a dos kilómetros y medio. 

Todo esto en una ciudad donde el desempleo y analfabetismo están entre los más elevados, más del 60% de la población no tiene cobertura de salud  y uno de cada cinco habitantes viven con necesidades básicas insatisfechas.

“Que todos se concienticen y empiecen a reciclar”, finaliza un vecino, que recicla casi 100 por ciento de sus residuos, pese a tener a mano tantos basureros.

“Nosotros sabemos que no puede haber una zona de sacrificio. Esta vez le toca a Bouwer, pero puede ser cualquier otro pueblo”, reflexiona.

Visita también: Bouwer Sin Basura

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