Texto original y completo del artículo publicado en Diario Hoy.
Por Mariella Toranzos.

En la calle 18 a las diez de la mañana, la fiesta suele estar encendida. En los parlantes de los 25 locales de la zona de tolerancia, se toca salsa a todo volumen. Sin embargo, ayer (miércoles de Semana Santa), ésta fue reemplazada por música sacra para acompañar a la procesión que las trabajadoras y propietarios de locales en el sector realizan anualmente desde hace trece años.

Teresa Aragundi, propietaria del local La Casa Verde, fue una de las primeras organizadoras del pequeño viacrucis que realizan en la zona, ubicada en las calles Brasil y Salinas, al sur de la ciudad.

“Una antigua propietaria de uno de los locales empezó la tradición y nos pareció a todos una buena idea, ya que no esta de más que, a pesar de que ésta es una zona roja, se le dedique una mañana al Señor”, expresó.

Señaló que el negocio, que maneja junto a su hija Rosario, es una tradición familiar que empezó su madre. Cada año durante la procesión pide por el bienestar del establecimiento y de las mujeres que trabajan en él.

Las hermanas adoratrices junto al padre César Rico, son los encargados de entregar las imágenes que adornan las 14 estaciones por las que pasa el viacrucis y el cristo de madera que van cargando.

Indican que visitan el sector aproximadamente una vez al mes para conversar con las jóvenes que laboran en los locales sobre la posibilidad que tomen talleres para que aprendan una profesión.

Sin embargo, este año la caminata estuvo compuesta sólo por una veintena de personas, pues tras la cobertura realizada el año pasado por algunos medios de comunicación, muchas tenían miedo de asistir.

“Nos sacaron los rostros en la portada. Eso está mal. Muchas de las mujeres que trabajan aquí son madres y sus hijos no saben a que se dedican, por eso no vamos a salir”, señaló Margarita Peralta, propietaria de un local en el sector.

Mireya (nombre protegido), que labora en la zona desde hace 16 años, señaló que una fotografía publicada por diario Extra, le causó problemas con sus familiares.

“Nosotras hacemos esto por devoción. Pedimos por nuestros hijos. A mi hermano le mostraron la portada del diario y le dijeron ‘mira, ahí está la zorra de tu hermana’. Por eso este año rezaré aquí adentro, y eso me duele. Yo soy devota de la Virgen del Cisne”, expresó.

En cada una de las estaciones, los participantes rezaban y cantaban. Sin embargo, cuando llegaron al local las Mil y Una Noches, la hermana Rosalba Cortés se detuvo y pidió por el alma de Alba Cantos, trabajadora que fue asesinada en el lugar hace ocho meses por su ex conviviente.

“Pido por mí”, expresó Sulay Pozo. “Le pido a Dios que me proteja para que no me pase algo así, que cada noche pueda regresar a mi casa sana y salva a ver a mis hijos”, dijo. 

A las 11 de la mañana la procesión llegó a la última estación. Ahí Sara (nombre protegido) cantaba a todo pulmón junto a sus compañeras: “Para un dios que conoció la tentación, seguro me perdonas”.

Tras la bendición final, los altares se retiraron, los locales se abrieron, empezó a sonar la salsa otra vez en los parlantes y las mujeres lentamente regresaron a sus puestos de trabajo. (MT)

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